En restaurantes, aeropuertos y hogares, nos encontramos con la parálisis del rectángulo de luz. Niños y adultos, físicamente presentes pero psíquicamente ausentes, habitando un limbo en la pantalla. Lo llamamos entretenimiento, pero es también una patología de anulación.
El aburrimiento no es un problema a resolver. Es un tiempo y espacio donde donde se forja la resistencia a la frustración. Sin ese espacio en blanco, el músculo de la gestión emocional interna se atrofia. Cuando eliminamos el aburrimiento, cuando el pantallismo nos posee, estamos despojándonos de nuestra capacidad de existir sin estímulos constantes. El la droga de Huxley llamo «Soma», la droga perfecta. Estamos abrazando una cultura de sujetos con una fragilidad donde se confunde la dopamina constante con la felicidad.

La televisión fue el prólogo. Pero el smartphone es volumen principal de una obra silenciosa y omnipresente. El algoritmo no busca educar, busca retener. Es la droga perfecta porque no requiere esfuerzo, solo entrega. Esta dinámica ha generado una crisis de madurez profunda, adultos que, al haber rechazado los espacios de aburrimiento y reflexión, son incapaces de guiar a quienes vienen detrás. La resiliencia se ha diluido en el scroll infinito.
El impacto económico y social es tangible. Una sociedad que no sabe gestionar su ansiedad sin una pantalla es una sociedad fácil de manipular y difícil de recuperar. El «pensamiento débil» se impone, lo fácil siempre gana. La realidad se sustituye por una espejo distorsionado de redes sociales que no representa a la mayoría de la población, generando un residuo de frustración, vergüenza y odio hacia uno mismo y hacia los demás que ya ha desbordado las consultas de salud mental.
La solución no es una desconexión romántica de toda tecnología, sino una higiene de la atención. Debemos recuperar las «actividades en el ahora» y apreciar el aburrimiento creador. Leer, escribir o simplemente contemplar son actos de resistencia y reciclaje. Son el anclaje necesario para no ser arrastrados por agujeros negros de tiempo ausente. La tecnología es una buena herramienta, pero un peligroso refugio contra la realidad.

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